21/07/2024 09:55:15 PM
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¿Se agota el mercado de la vivienda?

Al margen de las polémicas artificiales generadas para mantener esta veda de la inteligencia por la que atraviesa España, incluida la visita de Javier Milei y su medalla, la tozuda realidad de nuestro país presenta algunas crisis sectoriales de extrema importancia por sus consecuencias. Actuales y futuras. Formación, empleo y vivienda son tal vez las relevantes. Capacitación, productividad y bienestar económico son, a su vez, aspectos transversales que se relacionan claramente entre sí. Bienestar colectivo y autoestima individual, corolarios deseables. 

Es más que sabido que las oportunidades para acceder a una vivienda, ya sea en régimen de propiedad o alquiler, empiezan a ser nulas precisamente para los colectivos que más necesidad tienen de ello: trabajadores, jóvenes y los más vulnerables (a menudo coinciden las tres características en una misma persona). El origen -tal vez no aislado ni único- de una serie de calamidades que van desde la emancipación anormalmente retrasada de los hijos, la complejidad de compartir vivienda con familiares, amigos o extraños, hasta incidir en uno de los más graves problemas por los que atraviesa occidente: la natalidad. Y esa amarga sensación de impotencia y frustración que anida en el interesado ante lo aparentemente imposible. 

El precio de la vivienda -en venta o en renta- está por las nubes y la paradoja es que no paran de venderse al contado o con hipoteca. Síntoma inequívoco de un agotamiento del mercado que de no corregirse dará en una crisis profunda de inciertos resultados. El parque residencial es otra cosa. Ya que, naturalmente, una parte no está en el mercado aun manteniéndose desocupada, vacía. La estadística (ojo, que en ocasiones es un abuso del cálculo; recuerden aquello del pollo que se comió uno solo, saliendo sin embargo a medio por barba) dice que en España hay unos cuatro millones de viviendas habitables -de distinta antigüedad y estado de conservación- que sus propietarios mantienen legítimamente, sin uso y fuera del mercado. No obstante el ornato y mantenimiento debidos, gastos comunes en su caso, impuestos municipales y tributos fiscales, a cubrir. 

Está demostrado, por activa y por pasiva, que el procedimiento para incentivar un sector productivo no pasa por limitar o, mucho menos, prohibir otro. La vigente Ley de vivienda puede no ser el motivo, pero tampoco ha venido a paliar el problema. Por el contrario ha seguido en incremento.  

Hace un par de días el catedrático de la Escuela de Arquitectura de MadridJosé González Gallegos ha dictado una conferencia brillante -y autobiográfica- en el Colegio de Arquitectos de Valencia con el título La Casa siempre. Con el soporte de su propia obra, generada a la par con la también catedrática María José Aranguren (“los pepes”), desgranó un discurso profundo de humanismo, servicio y respeto medioambiental, en el que el usuario es dueño y señor. Coincidimos en el coloquio y la cena posterior con otros colegas, en que mientras la administración -en su caso con la colaboración de la empresa privada- no inyecte un producto cualitativa y cuantitativamente relevante en el sector de la vivienda denominada pública, el problema persistirá. Por muchos gestos y promesas que se produzcan en el ámbito regulativo. Claro está que, sin embargo, algunas medidas resultan de urgencia. 

La introducción de la variable turística, vacacional u ocasional en la ecuación, conduce a una reflexión específica en la que se pone en la diana el alquiler turístico de corta duración. Cuando en la práctica es apenas un uno por ciento del total del parque inmobiliario. Efectos urbanísticos, de movilidad urbana o gentrificación aparte. 

La apuesta por la creatividad innovadora en la arquitectura de la vivienda social y su respaldo con políticas eficientes y efectivas en lo económico es la solución probada y comprobada históricamente.