17/06/2024 10:20:47 PM
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La amarga y desgarradora historia de la sonrisa más bonita de «Aquí hay Tomate»

 

Durante cinco años fue la sonrisa cándida del mítico programa Aquí hay Tomate presentado por Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde. Virginia del Río fue reportera durante el periodo de vida del popular programa del corazón que rompió moldes. Sonrisa amplia, melena morena y gaditana de bandera.

Quien trabajó con Del Río asegura que nunca tuvo una mala palabra ni gesto hacia terceros. Muy querida entre sus compañeros. Era ternura personificada. Virginia tenía un deseo desde adolescente. Ser madre. Lo ansiaba. Lo necesitaba. En 2003 cuando comienza el programa Aquí hay Tomate lo hace saber a compañeros que se empezaban a convertirse en amigos. 21 años después la maternidad se convirtió en una realidad. Con una ilusión y una tragedia. Y por encima de todo, un aprendizaje.

Ahora sale a la venta La habitación de Uriel. Morir y nacer al día siguiente es una realidad. Su historia más desgarradora que sumergió a nuestra protagonista en el pozo más hondo y oscuro. «Las teorías del duelo aseguran que la muerte de un hijo es inconcebible e insuperable. Después de 5 años he conseguido poder convivir (que no vivir) con ello».

La historia narrada en La habitación de Uriel es una manual para ayudar a las mujeres que atraviesan la situación de parir a un hijo muerto. Es su historia. Vivida en primera persona. El día 23 de enero de 2018, la conocida reportera siente que el bebé que espera en su barriga no se mueve. Va de 39 semanas. Inmediatamente se traslada al hospital. La ginecóloga le dice que el hijo deseado que espera ha fallecido. Al día siguiente tiene que parir a su hijo muerto. Fueron las horas más duras en la vida de la periodista que ha decidido escribir esta amarga página de su existencia. La locura se apoderó en aquella habitación de la Fundación Jiménez Díaz. Mucha oscuridad y la mente voló sola. A lugares insospechados. Sus hermanos y sus padres fueron sus pilares. Hombros de acero derretidos por los mares de lágrimas que desprendía la reportera de la mirada limpia. «Escribir lo que pasó aquel día 23 de enero ha sido de un dolor inaguantable», asegura a ESdiario.

«Tan sólo pretendo con este libro que a la mujer que le suceda esto, sepa que no está sola. Hay oídos que las queremos escuchar. Abrazar. Y estar», explica. Es un libro de superación. Supervivencia. Un atisbo de luz ante tanta tiniebla. Uriel, hijo nacido muerto de Virginia del Río, era el niño más deseado. Su maternidad era su mayor pretensión. Esta semana, la reportera y escritora ha visto cumplido un sueño. Ha podido inscribir a su hijo en en un registro especial creado hace tan sólo unos meses. Registro de niños nacidos sin vida.

Hasta el pasado mes de julio el registro era denominado con el nombre de legajos de abortos. Unos términos que recuerdan lo más despectivo de otros siglos. La ley 20/2021 del 21 de julio ha sido modificada. Hoy la escritora duerme más tranquila. Su hijo descansa en el registro que hace justicia a una realidad. Su amargura aminora al conocer que ya tienen un documento público común. Madre e hijo.