30/05/2024 10:23:34 PM
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Ícaro García Ortiz

çLa figura de Ícaro es muy conocida y ha transcendido durante siglos desde que surgió en la mitología de la antigua Grecia. Refleja lo peligroso que supone «volar demasiado alto» y el ansia de acercarse al sol como símbolo de poder, lo cual en muchas ocasiones supone la desgracia del ansioso volador y su irrefrenable caída hasta el fondo del mar.

Ícaro quiso volar para situarse junto al Sol, y el Fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, siempre ha querido girar alrededor del sol del socialismo. Así poco a poco ha ido construyendo sus alas con las plumas que iba arrancando de la prestigiosa imagen de la Fiscalía española, promocionando a sus fiscales próximos y destruyendo o frenando las carreras de los fiscales que consideraba independientes y poco dados a adornar las plumas de sus alas.

Pero en un momento dado decidió dejar de volar alrededor de su Sol, para volar directamente hacia el astro rey de la Moncloa y, sin tener cuidado alguno, está provocando que las frágiles plumas de sus alas se vayan derritiendo una a una empujándole al vacío de la historia democrática española.

El sanchismo del fiscal General del Gobierno está provocando su irremediable caída en la sima de la vergüenza y todo por su soberbia al enfrentarse a la propia carrera fiscal, al CGPJ y al Tribunal Supremo. Nunca un Fiscal General había llevado su sectarismo personal e ideológico hasta el extremo de recusar a los magistrados del supremo, siguiendo el mismo argumentario que el prófugo Puigdemont, insinuando la politización del Alto Tribunal y así entorpecer que se enjuicie si reúne los méritos suficientes para ostentar el cargo.

Nunca un Fiscal General ha despreciado con tanto sectarismo a sus compañeros fiscales, al afirmar que no iba a escuchar al Consejo Fiscal, órgano elegido democráticamente entre la carrera fiscal, porque lo consideraba dilatorio en su pretensión de nombrar de forma rápida a su antecesora Dolores Delgado como fiscal de sala del Tribunal Supremo para pagar sus mutuas ayudas en la escalada en la carrera fiscal.

Tres nuncas

Nunca un Fiscal General fue condenado de forma reiterada por «abuso de poder» en sus nombramientos y por persecución a un fiscal llegando a negarle documentación para poder defenderse. Todo un símbolo de sectarismo en aquel que, según el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, es el máximo garante del principio de legalidad en el Estado de Derecho.

Por eso no es de extrañar que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid haya admitido la querella del ciudadano particular Alberto González, pareja de la presidenta Ayuso, por vulnerar su derecho constitucional de defensa al revelar mediante un comunicado propiciado por el Ícaro Fiscal las negociaciones reservadas con la fiscalía.

Esta maniobra tuvo el efecto de embarrar la defensa de un ciudadano particular cuya negociación es y debe ser secreta y nunca supone un reconocimiento de los hechos, lo cual solo puede efectuarse ante el Juez para que produzca efectos procesales. Pero ese ·detalle constitucional no paró al Ícaro fiscal en su ansia de agradar a su venerado sol sanchista.

Nunca un Fiscal General ha presionado a los fiscales para atacar a un particular hasta tal punto que la Fiscal Superior de Madrid tuvo que pedir por escrito la orden para no ser encausada en un futuro, como así ha ocurrido con la Fiscal provincial de Madrid, e incluso se ha publicado en el periódico El Mundo que presionó durante doce horas, en múltiples gestiones nocturnas para difundir la negociación privada del particular González Amador, llegando a sacar de un partido de fútbol al fiscal del caso .

Una conducta similar es la que realizó el condenado por vulnerar derechos fundamentales Baltasar Garzón, casualmente pareja de su mentora Dolores Delgado, el cual fue expulsado de la carrera judicial por similar conducta. Por lo que se ve es la manera de trabajar de estos juristas.

Ícaro desapareció en el fondo del mar por su soberbia y sin duda este pecado capital le perseguirá siempre a Álvaro García Ortiz, porque querer estar junto al Sol de la Moncloa es muy nocivo para la salud política y profesional, como han podido comprobar decenas de políticos del sanchismo, ya que para el Rey Sol, Pedro Sánchez, solo cuenta su propio interés y todo lo demás es prescindible, una simple partida de ajedrez en la que todas las piezas son candidatas a ser expulsadas del tablero para que sobreviva el Rey.