16/04/2024 04:06:15 AM
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España sin rumbo, Sánchez descontrolado y una parte de los españoles aplaudiendo

España es un país sin rumbo, en el que reina la incertidumbre, el desasosiego, la frustración y la crispación. El presidente del Gobierno ha perdido el norte hace mucho tiempo y cree que puede gobernar contra, como mínimo, media España y lo que es peor, contra el sentido común. La ley de amnistía que incluye el terrorismo, la alta traición y la prevaricación ha sido la gota que ha colmado el vaso, un disparate mayúsculo sobre el que Sánchez ha puesto los cimientos de la legislatura. Estamos ante un acto inédito que ni siquiera estaba plasmado en el programa electoral del PSOE, es decir, para el que nadie le ha votado.

La sensación reinante entre una buena parte de la población, una parte probablemente bastante mayoritaria, es la de tener encerrado en la cabina del avión a un piloto suicida que sufre delirios de grandeza y que antes de entregar los mandos es capaz de estrellar el aparato con todo el pasaje a bordo. Y hay un problema añadido: un porcentaje menguante de los pasajeros, pero nada desdeñable aplaude y confía en lo que le dice el piloto desquiciado por megafonía en lugar de lo que ven sus ojos, la montaña cada vez más cercana y el vuelo cada vez más bajo del avión.

 

Hay unos cuantos millones de ciudadanos, no pocos, que aún creen que tenemos un Gobierno progresista, a pesar de que entre sus socios se cuenten proetarras como Bildu, golpistas como ERC y Junts y comunistas trasnochados como Sumar. Esos mismos votantes se han tragado el cuento de que la amnistía es por el bien de España, por la reconciliación y el encuentro con Cataluña.

Son ciudadanos que están convencidos de que un presunto delito fiscal del novio de Ayuso, cometido antes incluso de ser pareja, es responsabilidad de la presidenta madrileña, que debe dimitir. Sin embargo, consideran que el caso Koldo ya está saldado con la expulsión de José Luis Ábalos del PSOE y ni siquiera reclaman explicaciones al presidente del Gobierno porque todo es una persecución de la derecha y de los jueces fachas.

 

Se trata de votantes que comparten la idea de Sánchez de que hay que levantar un muro de rechazo y de desprecio a la ‘fachosfera’, ese concepto indeterminado que engloba a todo aquel y todo aquello que no piensa como el PSOE ni le ríe las gracias al hombre sin escrúpulos ni principios.

Nadie es capaz de predecir cuánto va a durar la legislatura, nadie sabe hasta dónde está metida la corrupción en el Gobierno y si incluso alcanza al colchón matrimonial del Palacio de la Moncloa. Nadie sabe qué más está dispuesto a entregar Pedro Sánchez a los independentistas.

En los próximos tres meses hay otros tantos procesos electorales en el que debemos comprobar cuántos de esos ciudadanos entregados al sanchismo realmente siguen dando un cheque en blanco a Pedro Sánchez para que haga y deshaga a su antojo, o han abierto los ojos y han visto por la ventanilla la montaña hacia la que se dirige el avión. En un país medianamente normal, y España no lo es, un personaje de la calaña de nuestro presidente habría que tenido que irse a su casa con nocturnidad y a escondidas.