15/06/2024 07:42:16 AM
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El sanchismo rompe el secreto sumarial para alentar el archivo del Begoñate

Un juez no puede enterrar un escándalo cuando tiene base real. Puede decretar el archivo de una causa, pero no enterrar una conducta que chirría política, estética y éticamente. Una actuación inédita en nuestra democracia: la esposa de un presidente recomienda a contratistas con los que tiene intereses directos.

La filtración no sólo resume un informe de la UCO recibido por el juez, sino que reproduce, dice, lo declarado por los periodistas ante el instructor bajo secreto sumarial.

Un diario afín rompe hoy el secreto sumarial del caso judicial sobre Begoña Gómez, algo que evitamos hacer por invocación precisa instructora los periodistas interrogados el pasado viernes. Nada nuevo. La Brunete mediática sanchista  recibió una información fiscal secreta sobre el novio de Ayuso negada al resto.

 

La filtración sobre el Begoñagate no sólo resume/interpreta un informe de la UCO recibido por el juez, sino que reproduce, dice, lo declarado por los periodistas ante el instructor bajo secreto sumarial.

“El instructor tomó declaración hace varios días a dos periodistas de los medios que han sugerido a través de sus informaciones que Gómez ha podido cometer tráfico de influencias. En las preguntas y en las respuestas, según fuentes conocedoras del interrogatorio, no aparecieron indicios del tráfico de influencias que se buscaba”.

 

Título de la filtración sanchista publicada sobre Begoña Gómez

 

Aquí se mezclan una mentira y un juicio de valor cercano a la falsedad. Ni El Confidencial ni ESdiario, medios interrogados, han sugerido nunca un delito de tráfico de influencias en sus informaciones.

Han destapado hechos: patrocinios y recomendaciones de Begoña Gómez en revoltijo con contratistas que han multiplicado (hasta un 3.900%) su facturación gubernamental y logrado piropos públicos y rescates de Sánchez. Y han ganado concursos por máximas valoraciones subjetivas. Punto.

 

La segunda interpretación imaginativa o falsedad del altavoz de Moncloa es que en el interrogatorio no aparecieron indicios del tráfico de influencias. Sé lo que dije, pero no puedo reproducirlo. Yo sí respeto el secreto sumarial. Y no fue distinto lo defendido por El Confidencial.

En un proceso secreto estaban presentes no sólo el juez y el fiscal, como suele ocurrir, sino el abogado de “la denunciada”. Lo que habitualmente sería “investigada”. Ninguna acusación estuvo presente. La vía de fuga era mínima.

El informe de la UCO que el sanchismo ve exculpatorio se resume así: las adjudicaciones de Red.es a Barrabés “son las más cuantiosas de toda la historia de esta firma”. 10 millones.

 

“La Guardia Civil investigó para su trabajo la composición de la mesa de contratación que adjudicó a la empresa de Barrabés dos de los lotes que salían a concurso, y analizó la participación de dos de sus componentes en las valoraciones subjetivas de las ofertas. El informe concluye que no se han encontrado vinculaciones entre esas personas que firmaron las calificaciones de las distintas ofertas y Begoña Gómez”.

Se mezclan una mentira y un juicio de valor cercano a la falsedad. Ni El Confidencial ni ESdiario, medios interrogados, han sugerido nunca un delito de tráfico de influencias en sus informaciones.

Asunto zanjado. Begoña Gómez recomendó esa empresa, pero no constan vínculos con los dos funcionarios que valoraron esa firma. Unos funcionarios que, en última instancia, dependían de una tal Calviño que tampoco se relacionaba con Begoña Gómez ni con su marido y cuyos organismos varios, al margen de Red.es, nutrieron a Barrabés.

No presumo la intervención de la exvicepresidenta, ni de ningún otro cargo. Ni de Begoña Gómez más allá de sus cartas, que no es poco. Sólo sostengo lo que puedo acreditar desde hace 45 años. 33 en el ¿pseudodiario? EL PAÍS. Ni una muesca judicial.

Pero sí sé, por años de investigaciones propias y ajenas, que estas intervenciones no se producen en horizontal. Los favores se piden a la superioridad. Y luego las órdenes caen desde arriba.

Por tanto, hay que rastrear sugerencias internas superiores, y luego archivar o imputar. Correa no llamaba al funcionario. Usaba el ascensor.

En un proceso secreto como el de Begoña Gómez estaban presentes no sólo el juez y el fiscal, como suele ocurrir, sino el abogado de “la denunciada”. Lo que habitualmente sería “investigada”. Ninguna acusación estuvo presente. La vía de fuga era mínima.

El sanchismo alega que el tráfico de influencias exige que esa influencia vaya orientada a conseguir una resolución. “La influencia ha sido entendida por la jurisprudencia como una presión moral eficiente sobre la voluntad del que debe resolver, con capacidad para alterar el proceso de motivación”.

¿Begoña Gómez recomendó a Barrabés pero no quería que le hicieran caso? ¿No es “presión moral eficiente” que la esposa del máximo jefe diga que le gusta un contratista al funcionario?

¿Tampoco es relevante que fuera a trabajar con dicho contratista si salía elegido? “Mostramos nuestra intención de  colaborar en la difusión de sus convocatorias”. No fue recomendación, fue una carta de autorecomendación.

 

Se archive o no, quedarán iguales enigmas: ¿qué ayudas ha recibido el IE Africa Center y la cátedra de Begoña Gómez de contratistas de Sánchez? ¿Qué empresarios acudieron en su rescate? ¿Qué efecto persuasivo, no lo llamemos tráfico de influencias, que es feo, han tenido sus recomendaciones?

Lo que sí sabemos es que ninguna otra segunda dama fue esponsorizada por contratistas de su esposo ni emitió carta de recomendación alguna.

El  informe de la UCO puede resumirse de modo menos beatífico: Barrabés se llevó el contrato de su vida bajo cartas de recomendación de Begoña Gómez. Menos mal que fueron inútiles. Hay que sufrir la ingesta de no sé qué sustancias para no alarmarse.  Alabamos el Watergate, pero aquí estamos con Nixon.