26/05/2024 09:39:12 AM
26/05/2024 09:39:12 AM

Caudillista bananero, autócrata: socialistas contra Sánchez

Alfonso Guerra lo ha advertido ácidamente en una reciente entrevista en ‘The Times’: «Sánchez es cada vez más autócrata».

Los críticos al actual mandatario del PSOE (que los hay), escandalizados por la deriva personalista por la que avanza la cabeza visible del socialismo, advierten pesimistas de que desde dentro de la organización no hay alternativa posible a Sánchez: es el «puto amo», como marcó el ministro de Transportes, Óscar Puente.

Al antisanchismo se le revuelve el estómago viendo sus históricas siglas convertidas en un instrumento populista, llena de dirigentes que, como ha dicho Alberto Núñez Feijoó, «disfrutan en el lodazal», cuyo único fin es el mantenimiento de Pedro Sánchez en La Moncloa. Caudillista bananero lo llama el mítico alcalde de La Coruña Paco Vázquez.

¿Y cómo se ha llegado hasta este punto, en el que las bases socialistas y sus dirigentes máximos piden a gritos un «amo» a las puertas del cuartel general de Ferraz?

Las primarias fueron el caballo de Troya que la «nueva política» metió en los partidos tradicionales para roerlos desde dentro. En realidad, tenía sentido abrir la puerta a mayor democracia que permitiese elegir a candidatos y dirigentes por los afiliados, sin intermediarios. Claro, el problema vino después: ¿quién tose a alguien cuyo poder llega directamente de las bases?

Al final, se han presentado con toda crudeza las aristas de este nuevo absolutismo que crea lideres máximos que agrandan su poder, sin contrapeso alguno dentro de la formación y, además, por paradójico parezca, acaban estrechando la fuerza de la militancia. Es decir, menos partido y más políticos totalitarios.

¿Alguien se hubiese imaginado ver en España a un presidente del Gobierno, secretario general de una de las grandes formaciones, diciendo por carta a la ciudadanía que va a decidir, consigo mismo, si merece la pena seguir o no? Como ha dicho Felipe González con la inteligente ironía que le acompaña: «No sabía yo que era una decisión». A.M.BEAUMONT