24/05/2024 08:44:36 PM
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Benjamín López: “La España de Sánchez es una España de pandereta”

Las injerencias del Gobierno en las instituciones están convirtiendo a España en un país de pandereta. No hay día en el que no desayunemos o merendemos con una noticia escandalosa en este sentido.

Vamos con unos ejemplos. José Félix Tezanos ha convertido en CIS en un cortijo al servicio de Pedro Sánchez. Tanto es así que la Junta Electoral Central le ha abierto expediente por esa encuesta sobre el retiro espiritual de 5 días del presidente del Gobierno. Ni con pinzas se podía coger ese sondeo para mayor gloria del líder. Le pueden caer hasta 30.000 euros de multa aunque me da que ese dinero lo acabaríamos pagando usted y yo.

Lo del fiscal general del Estado, Alvaro García Ortiz, bate también todos los récords. Es el Tezanos de la fiscalía, al servicio de su amo. ¿De quién depende la fiscalía? Se preguntaba Sánchez hace unos años. Pues eso. Sánchez piensa que la fiscalía depende de él, claro, y así se comporta.

El actual fiscal general es hijo de ese modelo viciado desde la raíz, desde que Pedro Sánchez nombró a su ministra de Justicia para el cargo, inédito en España e intolerable en una democracia. García Ortiz es el heredero de Dolores Delgado en todos los sentidos, principalmente en la obediencia debida. Descalificado por sus compañeros, apalizado por el Tribunal Supremo en varias sentencias, se mantiene en el cargo contra viento y marea, arropado por Sánchez. El descrédito de la institución no puede ser mayor.

 

Y luego está la utilización permanente por parte del Gobierno de actos institucionales para hacer propaganda partidista, algo que se acentúa cuando estamos en periodo electoral. A la Junta Electoral Central se le ha terminado el cuaderno de multas y expedientes. Cada rueda de prensa del Consejo de Ministros es un mitin que aprovecha la portavoz y los ministros de turno para atizar al PP sin rubor. Cada acto oficial de Pedro Sánchez se convierte también en un mitin en el que cuela sus mensajes electorales.

Es evidente que Sánchez y los ministros saben lo que hacen y son conscientes de que no deben hacerlo, pero les resbala. Al fin y al cabo no es más que un reflejo de su forma de gobernar, de su deriva autoritaria, de su manera de entender el Gobierno: esa pulsión que le llevó a encerrarse cinco días en la Moncloa para hacernos reflexionar sobre lo que íbamos a perder sin él en el poder.